martes, 30 de agosto de 2011

Cuestión de Sangre.

La sangre, además de circular por las venas, sirve para describir un sinfín de situaciones y emociones. La sangre azul está reservada para esos seres que ostentan de por vida un título nobiliario, y sin que sea necesario responder a su significado. A un cruel pistolero (sicario o terrorista, da lo mismo), se le supone de sangre ... extremadamente fría. A los apasionados, pues -ya se sabe-, les hierve la sangre. Cuando la sangre corre fuera de su cauce, es porque alguien no ha salido bien parado. Y cuando te la chupan, es que algún parásito de dos o más "patas" (Forges los dibuja muy bien en sus viñetas) pues, ha decidido vivir a costa tuya, y de los tuyos. Pero es que, incluso en el mágico mundo de Harry Potter hay un lugar reservado para los impuros de sangre sucia.  E incluso, cuando hay velocidad, fuerza y nobleza, se dice que es... un pura sangre.

Ahora bien, de todas las sangres que uno puede vivir o sentir, la más lamentable y repelente se dice que es, la de horchata. Y no por su falta de fluidez o porque sea tan espesa como afligida, simplemente por ser tan sosa como carente de épica, de valor. Tener sangre de horchata es lo más parecido a ser como un saco de patatas amontonado, sobre otro saco de patatas. Hace bulto, brotan tallos con la humedad, suelta tierra, pero nunca emociona. Basta imaginar el rostro de quien escupe con su expresión facial , con esas muecas y mohines de desprecio, con ese aire de "magnánima" suficiencia a la hora de designar a un ser que considera sin ánimo, sin esencia, sin alma.

Pero ¿a quién se le ocurrió relacionar la leche de chufa con la falta de voluntad y la parálisis de energía? Quizás a alguien, que cuando llegó a cortarse involuntariamente, contempló que sus venas estaban tan vacías, tan sin sangre, tan sin nada que poder ofrecer; y sobre todo,  a quienes sí que dieron, y ofrecieron su sangre en algún momento de sus vidas.

Este verano, la horchata habrá refrescado y nutrido a multitud de veraneantes. Algunos, no tuvieron ni que probarla. Mientras nuestra economía nos mandaba al garete de las inmundicias, mientras los españoles susurrábamos ante el pavor de la incertidumbre, algunos grandes de España, pero sin grandeza que ofrecer, aderezaban sus ánimos entre la sangre de horchata.